lunes, 15 de abril de 2013
Serie de 53 fotografías tomadas en el campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz Birkenau, en Oświęcim, Krakovia, Polonia. Un espeluznante lugar marcado para la historia que debe servir para revisar las atrocidades de las que somos capaces los humanos.
Hubo tanto silencio, tanto, que llegué a sentir nada.
PARA AMPLIAR LAS IMÁGENES BASTA CON PULSARLAS
Auschwitz es desolador a pesar del aspecto apacible, del mantenimiento de sus árboles o la limpieza de los 'bloques' testigos del martirio de judíos, gitanos, homosexuales y rusos, gran parte de los desperfectos arquitectónicos se conservan intactos como huella para recordar el holocausto.
Arbeit macht frei, un mensaje frecuente a las puertas de diversos campos de concentración, la segunda mentira directa al corazón de los condenados. Tras pasar esta puerta, los recién llegados eran divididos entre los que iban a ser encerrados en lo bloques, y los que sin pasar ficha iban directos a las cámaras de gas, justo por ese pasillo de alambradas electrificadas que conducen hacia el fondo.
Bloques como refugios, lejos de imaginarse el comfort dentro de ellos, todos los presos eran almacenados en habitaciones y salas sin más cosa que una manta, con la que debían protegerse de las bajísimas temperaturas del invierno polaco, y en un suelo en el que a falta de cabida debían pelearse o aprovechar el despiste de los que perdían su sitio.
Mirada de preso, la libertad está en la muerte.
Ficha personal de un prisionero. Con suerte relativa, los enviados podían vivir más tiempo siendo presos, los que no, eran enviados directamente a la muerte sin ser antes despojados de sus pertenencias.
Decenas de latas de cyclon B fueron encontradas escondidas cuando el nazismo perdía la guerra y huir de Auschwitz ocultando pruebas acusatorias era cuestión de horas.
Las víctimas del holocausto fueron llevadas a Auschwitz desde multitud de orígenes de toda Europa y de diversas formas, una de ellas, la mentira, el engaño. Las víctimas viajaban en un tren asfixiante donde un viaje que les decían tardaría 3 o 4 días, lo hacía en 10. Les prometían una nueva tierra, con granjas y animales, donde vivir mejor, para que recogiesen todas sus pertenencias y objetos de valor, para después se les fueran requisadas al llegar al campo.
Lentes que no sirvieron para alcanzar a ver el holocausto. La maraña de patillas y el cristal roto me espeluznó y me imagina la humillante violencia empleada hacia los indefensos.
Rota la mirada, delata cualquier alevosía de muerte.
Las condiciones infrahumanas hasta el límite sometían a los presos a un constante estado de debilidad peligrosa para su existencia además de vivir aterrados psicológicamente. Las comidas eran pobres, con alimentos podridos y cantidades contadas en gramos. La desnutrición provocaba la pérdida de la musculatura, la alteración del pulso, la presión sanguínea y debían vivir y trabajar bajo el frío. Pénfigo, diarrea, tifus, fiebre tifoideas, tuberculosis y malaria confirmaban el infierno. Obligados a ir unicamente dos veces a hacer necesidades, saltarse esta norma era penalizado con la muerte.
Bloque 11, el peor castigo del campo. El lugar del primer experimento con el cyclon B, celdas subterráneas donde no entraba la luz, celdas de un metro cuadrado donde encerraban a presos que no podían sentarse en ese espacio, encerrados a veces hasta varios a la vez, dejándoles morir en los días. Sirvió de sala tribunal para juicios militares rápidos, y como quirófano de experimentos con mujeres, además de crueles torturas como la de colgar a los presos por la manos atadas a la espalda mientras recibían puñetazos, los hombros solían dislocarse. Es el único bloque con puerta de acceso directo al paredón (arriba), donde las condenas a muerte también se efectuaban con ejecuciones.
BIRKENAU
Un campo de exterminio diseñado para matar, con capacidad para 100.000 personas, a escasos 3 kilómetros de Auschwitz I. Entre Mayo y Junio de 1944, en tan solo 6 semanas los nazis asesinaron a 300.000 personas. Birkenau era simplemente una fábrica de muerte.
Las cámaras de gas y los crematorios con sus chimeneas, estaban ocultas tras la arboleda al fondo de las vías para no ser vistas. Víctimas vivas y muertas llegaban tras largos y duros viajes en vagones. Bajados del tren se hacía la selección, separando a hombres, mujeres y niños, entre los que valían para trabajar y los que iban a ser directamente enviados a las cámaras. Obligados a dejar sus pertenencias, eran conducidos a las cámaras bajo la excusa de que iban a tomar una ducha. Los desnudaban, los hacían bajar las escaleras y no volvían a verles nunca más. Llegaron a instalar duchas falsas para hacerles creer la mentira. Era imposible escapar de Birkenau, tan solo había una salida, y era la chimenea.
Los crematorios y las cámaras de gas fueron detonados por los nazis para destruir pruebas antes futuros juicios a pocas horas de saber que perdiendo la guerra, los aviones americanos alcanzarían el campo.
Cada uno de los barracones fueron pensados para alojar a 550 prisioneros, no había agua corriente ni revestimiento para suelos, y con tanta gente afinada se creaba el caldo de cultivo prefecto para contraer enfermedades. No estando contentos con los resultados de los cálculos, los nazis decidieron introducir 744 presos por cada barracón, algo que delata que mas que querer alojar a personas, querían exterminarlas. Hambre, enfermedades y tortura.




















































